El nuevo Tesla Roadster que llegará a producción en 2028 ha dejado claro que la marca ha abandonado las líneas curvas del prototipo original de 2017 para abrazar una estética mucho más angulosa y cercana al Cybertruck. Tras las recientes presentaciones y demostraciones técnicas con ingenieros de la compañía, han salido a la luz numerosos secretos de diseño y soluciones mecánicas que pasan desapercibidas a primera vista.
Lejos de ser un simple escaparate de feria, el superdeportivo esconde una ingeniería aerodinámica sin precedentes en un vehículo de calle. Con un precio de salida fijado inicialmente en 250.000 dólares para la antigua reserva Founders Series, el modelo se desmarca por completo de lo conocido en el sector.
Aerodinámica móvil y cuatro versiones mecánicas

La gama del deportivo eléctrico se estructurará finalmente en cuatro niveles de acabado diferentes: standard, Performance, Thrust y Rocket. La versión de acceso ya rinde 1 MW de potencia, lo que se traduce en unos 1.340 CV y cerca de 1.300 Nm de par motor. Sin embargo, los focos se los llevan los acabados superiores, equipados con propulsores de gas frío heredados de la tecnología aeroespacial que prometen una aceleración de 0 a 96 km/h en 0,81 segundos en su variante Thrust.
Para conseguir cifras de vértigo y una velocidad punta estimada en 531 km/h (unas 330 mph) dependiente del sistema de propulsión por gas, el vehículo prescinde de elementos tradicionales. No busques el maletero delantero, ya que toda esa zona está ocupada por un enorme ala activa con tomas de aire móviles. Además, el puerto de carga se oculta discretamente tras el alerón trasero.
- Faldones retráctiles: faldones laterales, delanteros y traseros que se despliegan para crear un sistema de succión por vacío.
- Limpiaparabrisas desmontable: el coche no lleva escobilla fija; se conecta de forma manual mediante un panel rápido solo cuando hace falta.
- Recarga ultrarrápida: capaz de pasar del 15% al 85% en unos 10 minutos conectado a los Supercargadores más potentes.
Interior minimalista y enfoque radical

La necesidad de espacio para los grandes tanques de gas presurizado ha obligado a sacrificar las plazas traseras, convirtiendo al modelo en un biplaza estricto, o incluso monoplaza en el acabado extremo Rocket. Para ahorrar cada gramo posible en la báscula, los asientos van fijos al chasis y lo que se desplazan hacia delante son los pedales, un guiño evidente a la competición.
En España y en el resto de mercados europeos, la llegada de este tipo de bestias eléctricas estará condicionada por las normativas de homologación vigentes, y queda por ver cómo afectará al sistema FSD (Supervisado) que monta el coche. Si quieres repasar cómo ha evolucionado el proyecto desde sus inicios tecnológicos, puedes consultar las especificaciones y versiones iniciales del Tesla Roadster. Por ahora, la marca sigue puliendo los últimos detalles de un deportivo que promete reescribir las reglas del juego antes de pisar el asfalto definitivo.