El Galaxy Z Fold 8 se ha convertido en un auténtico rompecabezas para la compañía coreana, pero por el mejor motivo posible: se vende como churros. La demanda inicial ha superado todas las previsiones optimistas de la marca, provocando roturas de stock y retrasos en los envíos desde el mismo día de su lanzamiento.
Para solucionar este cuello de botella, Samsung ha tenido que planificar un movimiento poco habitual en su cadena de suministro. La firma ha decidido reasignar volúmenes de producción ya asegurados para sus teléfonos de 2027, redirigiéndolos directamente al ensamblaje del plegable actual.
El problema de los chips de pantalla
¿Dónde está exactamente el freno industrial? Según los informes publicados por ZDNet Korea, el principal dolor de cabeza reside en los Display Driver ICs (DDIs), los chips encargados de gestionar los paneles.
Estos componentes específicos son fabricados por la fundición taiwanesa UMC utilizando un proceso de 22nm. El socio tecnológico ha llegado al límite de su capacidad productiva actual, obligando a Samsung a pedir un "super hot run", es decir, un servicio urgente exprés para fabricar más unidades a contrarreloj.
Un mercado que no deja de crecer
Este fenómeno de ventas llega en un momento dulce para los terminales con pantalla flexible. Informes recientes de agencias como Omdia estiman que los envíos globales de plegables duplicarán su volumen de aquí a 2028, rozando los 36 millones de unidades.
A pesar de que el Galaxy Z Fold 8 sufre problemas de disponibilidad en la web oficial de Estados Unidos, queda claro que el formato convence. Incluso está rascando compradores que hasta ahora solo confiaban en la gama Flip.